Yeska
11 Dec
11Dec

Siembras, siembras, siembras,

El amor y la vida

En mi corazón que sangra, sangra, sangra

De estar siempre en problemas.


Desde que nos amamos, amamos, amamos,

Ya no sé quién soy

Y siembro, siembro, siembro,

A mi alrededor, el caos.


Oh, mi amor, quisiera soplarle a tu alma

Hacerte olvidar para siempre todo el mal, todo el mal,

Recordarte como nos queremos, como nos queremos

Quitarte tu rabia, tu rabia, Oh, mi amor


Me muero, me muero, me muero

Por ser la mujer

De tus sueños, tus sueños, tus sueños,

Y darte la felicidad...

Que has sembrado...Y luego pisado. 


 Esta canción, la escribí hace muchísimo tiempo, en otra vida parece. 

  Es una mezcla de ironía,  constatación melancólica y suplica de los cuales era la presa. Durante mucho tiempo fui incapaz de cantarla o incluso volver a leerla. Mientras no estaba en paz con el yo que la escribió un día, no podía sentirla sin hacerme daño, y entonces no podía trabajarla para cantarla. 


  Hasta que un día, en un entorno totalmente distinto, época y mentalidad diferentes pero la rabia en el corazón, la saqué de nuevo. No a posta, no porque pensaba que era el momento, sino durante una mala racha sentimental, después de una discusión, quise desfogarme con la guitarra y conociéndome, aprovechar mis emociones revueltas para focalizarlas en la creación.  Miré mi cuaderno de canciones y sin pensarlo siquiera cogí esta, y todo salió fluyendo. La canción tal cual la conocéis es la original. Ningún retoque, ningún cambio de acordes...tal cual. Tal cual salió de mí aquel día. 

  Ahora, auto-psicoanalizándome, creo que tome una canción que hablaba de una relación anterior y sus problemas para soltar la frustración que sentía este día con esta otra relación. Al vez de querer escribir sobre mis problemas presentes, fue una manera de evadirme de ellos algunas horas, sentada de piernas cruzadas en el suelo de mi cocina, en todo el medio, para que mi guitarra no choquease con ningún mueble... 

  Cuando escribí esta canción, estaba sumergida en una dualidad infernal que me hacía darme cuenta de la persona en la que me había dejado convertir, del hecho de que mis actos y mis gestos estaban destinados a servir y satisfacer una otra persona además de la amplitud de la culpabilidad constante que habían conseguido crear en mi, haciéndome pensar que nunca estaba a la altura y que siempre tenia que dar mas. 

  A penas empezaba a salir de esta jaula demasiada oscura para  ver la realidad. Tenia un rayo de luz que me dejaba ver una puerta de salida frente a mí. Una puerta abierta con una silueta bloqueando el paso y juzgándome de la mirada. Era yo. Retomando las riendas, sabiendo que ya no estaba sola. Tenía una semilla en mi vientre, y un fuego consumiéndome. Era el momento de saltar del barco, y las sirenas que me llamaban me susurraron estas notas cuando ya por fin estuve lista para cantarlas y darle vida a esta canción de despedida. 

 

Comments
* The email will not be published on the website.
I BUILT MY SITE FOR FREE USING